son alegres brisas, el aliento en la piel,
es la Luna creciente, el Sol que nos alumbra,
pero si acaso me absorbes el alma,
hasta dejarme sin aliento,
con los besos de un beso extinto
y los roces punzantes como hiel.
Con cada partida me escuecen los pies
pisando tus pisadas,
que cicatrizo con sal de lágrimas,
y siempre llego a la misma pendiente,
en donde saltas para guindarte
de la luna rezagada.
de la luna rezagada.
Y de saltar al precipicio, me gana más el miedo,
el mismo miedo que no me deja soñarte.
Entonces me quedo allí con huesos congelados,
esperando el deshielo de tu tacto
y volvemos al lo mismo,
sin defraudar al instinto.
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